COEDICIONES


Primer manifiesto nadaísta y otros textos,  de Gonzalo Arango (Dirección de Literatura, UNAM / vanilla planifolia, México, 2013)

 

“Grito de rabia”, de acuerdo con Philippe-Ollé Laprune, el Primer manifiesto nadaísta del poeta colombiano Gonzalo Arango se da a conocer en 1958 cuando se funda el movimiento nadaísta, “acaso el más estrepitoso e inútil sobre la empobrecida tierra y frente a la empobrecida mente humana”, como lo refiere Jotamario Arbeláez en el prólogo. Arango define así el nadaísmo: “En un concepto muy limitado, es una revolución en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrénico-consciente contra los estados pasivos del espíritu y la cultura”. En el exordio Philippe-Ollé se pregunta: “¿Cómo, en el seno de un universo sórdido y cerrado como aquél de la Colombia de los años cincuenta, puede un hombre levantarse y gritar de rabia?” Y añade: “Este hombre sólo se representa a sí, saturado de amargura y desarmado frente a un sinnúmero de soluciones imposibles. Su grito sólo expresa su malestar y no es más que la voz de su postura y de su decepción frente a la vida que se le propone”.

Los oídos del ángel de Tomás Segovia (Dirección de Literatura, UNAM / Ediciones Sin Nombre, 2013)

 

Tomás Segovia fue un gran lector de novelas y cuentos. Cesare Pavese y Thomas Mann ocuparon en unos años sus desvelos, reconocía en Proust y su En busca del tiempo perdido la gran novela fundadora de una sensibilidad de la que él formaba parte. Dedicó algunas brillantes páginas a celebrar el genio de Cervantes y las aventuras de su ingenioso hidalgo. Los que lo escucharon en un curso que dedicó a Henry James recordarán el entusiasmo por el escritor angloamericano y su capacidad de captar el alma femenina. En Cartas de un jubilado y Los oídos del ángel, encuentra en la novela el género ideal para mirar su pasado sin volverse estatua de sal. Fruto de una sensibilidad a flor de piel la narración de Los oídos del ángel es un entrañable y riguroso retrato generacional en el que los personajes encarnan, no ideas y sentimientos, sino una manera de vivir.